Tarjetas de crédito, todo lo que debes saber

Dentro de los diferentes productos financieros que tenemos a nuestro alcance, las tarjetas de crédito son una de las opciones más habituales entre los usuarios. De hecho, prácticamente todos los españoles en edad legal de contratar tienen una de estas tarjetas, dado que el parque de tarjetas activas en el año 2019, último con datos, ascendía a unos 37 millones de unidades. Algo que demuestra la gran penetración que este dinero de plástico tiene entre los usuarios. Un dato que demuestra lo fácil que es solicitar tarjetas de crédito online o bien tarjetas convencionales.

Sin embargo, pese a lo fácil que resulta hacerse con uno de estos productos no todas las personas conocen lo suficiente el producto como para sacarle el máximo partido. Además, algunas modalidades de estos préstamos tienen unas condiciones bastante complejas, que pueden causar serios perjuicios económicos a los usuarios a la hora de utilizar estas tarjetas. Por eso es fundamental tener toda la información necesaria al respecto. Justamente esto es lo que vas a encontrar en esta guía, donde te contamos hasta el último detalle sobre estas tarjetas y te dejamos toda la información necesaria para que les saques todo el jugo.

Qué son las tarjetas de crédito

Las tarjetas de crédito son un producto financiero a través del que una persona puede realizar compras con ella o incluso obtener dinero en efectivo procedente del importe de crédito que la empresa emisora del mismo le haya concedido. Dicho de otro modo, una tarjeta de crédito es una especie de préstamo personal por un importe determinado pero que el usuario no solicita o retira de una sola vez, sino que lo va gastando a medida que ejecuta operaciones con la tarjeta física que recibe.

En este punto es importante conocer cuál es la diferencia entre tarjetas de débito y de crédito, dado que el hecho de que tengan el mismo diseño no implica que sean lo mismo. En el caso de la tarjeta de débito esta no carga el importe de las compras o los reintegros de efectivo que realizamos a una cantidad prestada y disponible por la entidad emisora de la tarjeta, sino que esta se carga directamente en nuestra cuenta corriente.

Por tanto, en el caso de la tarjeta de débito esta simplemente sirve para pagar con el dinero de nuestra cuenta sin llevar efectivo. Sin embargo, como hemos comentado, en el caso de las tarjetas de crédito este importe se carga al total disponible en la línea de crédito y se irá pagando conforme a las condiciones que hayamos pactado con la entidad correspondiente.

Cómo funcionan las tarjetas de crédito

Una vez que sabemos para qué sirven las tarjetas de crédito es el momento de hablar de su funcionamiento. Esto resulta bastante sencillo, aunque es cierto que con las nuevas tarjetas de crédito online y las nuevas herramientas relacionadas se han incrementado notablemente las funciones a las que podemos acceder con este producto.

La operativa tradicional de las tarjetas de crédito se basa en el soporte físico que la entidad nos entrega, la clásica tarjeta de plástico. Con ella podemos pagar y comprar en todo tipo de comercios, tal como lo haríamos con una tarjeta de débito. Por otra parte, dependiendo de los convenios y acuerdos que tenga la entidad, también podremos acudir a un cajero automático y sacar el dinero que necesitemos. En ambos casos, el límite de dichas compras y de esos reintegros estarán limitados a la cantidad que nos hayan concedido con la tarjeta.

A esta operativa se unen las opciones que tenemos para usar nuestra tarjeta de crédito online. En estos casos tendremos la posibilidad de usar la tarjeta para pagar nuestras compras en la red, para pagar servicios o para sacar dinero directamente y enviar el mismo a nuestra cuenta corriente. Una serie de operaciones que también es posible hacer desde el móvil, mediante las apps que las diferentes entidades ponen a nuestro alcance. Incluso disponemos ya de tarjetas de crédito virtual gratis o de pago, idóneas para este tipo de gestiones online.

Una vez que hemos dispuesto de todo o parte del dinero que tenemos concedido en nuestra cuenta de crédito se nos empezará a cobrar por el importe dispuesto. Las condiciones concretas de dichos pagos corresponden a lo que hayamos pactado con la entidad emisora, aunque en cada recibo habrá siempre una parte de intereses y una parte que corresponde a la devolución del dinero prestado. Dichos pagos se mantendrán hasta completar el pago del importe dispuesto con la tarjeta.

¿Cuáles son los tipos de tarjeta de crédito?

Aunque los diferentes tipos de tarjetas de crédito actuales son bastante parecidos, lo cierto es que los productos disponibles actualmente en el mercado tienen ciertas diferencias que conviene conocer. Estos son los tipos de tarjeta de crédito que encontramos hoy día.

Tarjeta de crédito convencional: es la tarjeta de crédito más habitual que tenemos a nuestra disposición. Nos ofrece una cierta cantidad disponible, según lo que hayamos solicitado, que iremos devolviendo en cuotas y están sujetas a unos ciertos intereses. Va ligada a un documento físico, la tarjeta de plástico, que es la que utilizamos generalmente para operar con ella.

Tarjeta de crédito virtual: este producto es idéntico a la tarjeta de crédito más clásica, aunque en este caso no existe una tarjeta física para operar. Es la versión más interesante para gestionar tus pagos en línea y también para usarla con las apps de pago móvil que muchas empresas nos ofrecen. Además, suelen incluir sistemas de seguridad mejorada y otras opciones adicionales que nos dan una mayor seguridad a la hora de movernos en la red.

Tarjetas de comercio: las tarjetas de comercio son aquellas que emiten grandes superficies comerciales y otras entidades análogas, bien de forma directa o mediante una financiera interpuesta. Sus características son las mismas de una tarjeta de crédito respecto del funcionamiento, aunque a estas características se pueden sumar ciertas ventajas tales como descuentos en compras, seguros adicionales o incluso ofertas por las que se pueden realizar pagos sin intereses en ciertos momentos o condiciones.

Tarjetas plata, oro y platino: cuando empezaron a aparecer estas tarjetas se establecieron ciertas categorías en función del perfil del cliente. Cuanto mayores eran los ingresos del cliente más elevada era la categoría de la tarjeta que recibía. Estas categorías implican mayores límites de disposición de crédito, unas tasa de intereses más reducidas y ventajas en los programas de puntos que las entidades ofrecían con sus tarjetas. No obstante, estos productos hoy día apenas tienen relevancia, ya que la diferenciación clásica por niveles hoy día no es necesaria. Todas las tarjetas suelen ser iguales y si varían físicamente es por aquellas entidades que aún mantienen estos diseños, para recordar tiempos pasados.

Tarjeta revolving: el último tipo de tarjeta que vamos a mencionar son las revolving. Estas tarjetas son de carácter convencional pero siempre funcionan con un sistema de pago aplazado. Estos pagos se realizan mediante un pago mensual fijo cuyo importe suele marcar el cliente. Este aspecto que puede parecer una ventaja, lo cierto es que tiene un riesgo considerable. Pensemos que estas tarjetas tienen un nivel de intereses elevado y si realizamos una disposición considerable es posible que al elegir una cuota baja nos dediquemos a pagar solo interés y no la parte del crédito que hayamos dispuesto. Por eso conviene evitar este tipo de tarjetas siempre que sea posible.

Tarjeta crédito inmediata: este tipo de tarjetas responden al diseño tradicional de estos productos, pero tienen la ventaja de que obtenemos la tarjeta sobre la marcha. Así que si necesitas una de estas tarjetas con urgencia este es el producto que necesitas.

¿Cuánto cuesta una tarjeta de crédito?

Uno de los aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de pedir y usar una tarjeta de crédito son los costes asociados. Sobre todo, porque muchas entidades nos prometen una tarjeta de crédito gratis pero luego nos ocultan los importes asociados a los intereses o los demás gastos. Para que no tengas problemas te contamos cuáles son los costes que debes conocer.

Intereses: a la hora de usar el saldo de una tarjeta de crédito los intereses son el coste más elevado. Estos intereses varían en función de la entidad que nos ofrezca el préstamo, siendo generalmente más bajo en los bancos y financieras tradicionales y más elevados en las nuevas firmas de préstamos y en las entidades dedicadas al revolving.

Por eso, a la hora de pedir una tarjeta de crédito gratis o convencional es importante comparar los intereses de las diferentes entidades a las que podamos acceder. Para hacerlo es necesario revisar el TAE de las diferentes ofertas que tengamos disponibles. Este parámetro es el que nos dirá si el crédito asociado a la tarjeta es más caro o más barato que el de otras propuestas que tengamos a nuestro alcance. Como referencia, el interés medio de una tarjeta de crédito esta en torno al 18%, aunque en los productos de mayor coste esta cifra puede rondar el 25% TAE anual.

Comisiones: este es el otro coste principal de las tarjetas de crédito, que comparte también con las versiones de débito. Algo que se convierte en otro truco a la hora de pedir una tarjeta de crédito gratis, cuya gratuidad muchas veces solo dura un año. A partir de esta fecha es normal que tengamos que pagar una cuota de renovación de tarjeta, que puede ascender a unos 30 euros.

El resto de comisiones que pagamos se vinculan directamente a servicios tales como la transferencia a cuenta o la extracción de fondos de un cajero. También se abonan comisiones por cancelar anticipadamente la deuda o bien por la reclamación de impagos, si estos se producen. Todas estas comisiones deben estar presentes en la documentación que nos ofrezca la entidad y tendremos que revisar las mismas antes de tomar una decisión.

Cómo solicitar una tarjeta de crédito

Hoy en día solicitar una tarjeta de crédito es un proceso muy fácil. De hecho, los bancos y cajas están deseando que gastes, así que es habitual que cuando abres una cuenta corriente directamente te ofrezcan uno de estos productos. Si este no es el caso entonces puedes solicitar una tarjeta de crédito online o bien mediante un sistema tradicional, según lo que prefieras.

A la hora de conseguir una tarjeta de crédito el proceso dependerá de la cantidad que solicites para el préstamo que esta lleva asociado. Cuanto menor sea dicho importe menores serán los requisitos de la tarjeta. En general, los límites básicos van de los 600 a los 1.500 euros, siendo estas estas tarjetas de crédito de fácil aprobación las que con mayor facilidad se conceden.

A medida que solicitamos mayores importes para el producto también crecen los requisitos que la entidad nos solicita. En este caso los préstamos y las tarjetas de crédito tienen las mismas exigencias, lo que también es esperable. Si el importe es muy elevado, por encima de los 6.000 a 10.000 euros, es posible que se nos soliciten avales y otras garantías, aunque todo depende de las condiciones de contratación de cada financiera.

En el caso de las tarjetas de crédito online el proceso de solicitud es prácticamente idéntico al que hemos comentado. La principal diferencia es que, en este caso, en vez de llevar los papeles a la financiera o a la entidad correspondiente tendremos que enviar los mismos por correo electrónico o subirlos a la web de la empresa correspondiente. Un proceso que agiliza la gestión documental y la tramitación correspondiente. Tanto como para que podamos conseguir una tarjeta de crédito de aprobación instantánea de aquellas entidades que las tengan disponibles.

Qué necesito para solicitar una tarjeta de crédito

Para solicitar una tarjeta de crédito es necesario que el cliente sea mayor de edad y tenga plena capacidad para contratar cualquier servicio. Durante el proceso de contratación el futuro cliente deberá aportar a la entidad una copia de su DNI, pasaporte o tarjeta de residencia, así como de una cuenta bancaria de la que sea cliente, en la que cargarán las cuotas correspondientes al importe dispuesto con la tarjeta de crédito. También pueden pedirnos una copia de algún recibo domiciliado, a fin de justificar nuestra residencia, aunque no es lo habitual.

En caso de que el importe solicitado sea elevado es posible que la entidad nos pida alguna documentación adicional destinada a verificar nuestra solvencia. Entre estos documentos que nos pueden requerir a la hora de pedir una tarjeta de crédito se encuentra nuestra nómina, nuestras declaraciones de hacienda y otros documentos similares. Finalmente, si el importe es muy elevado y la entidad lo requiere pueden ser necesarios algunos avales, escrituras de propiedades y otros documentos que justifiquen nuestras posesiones.

Cómo reclamar mi tarjeta de crédito

Es posible que durante el proceso de uso de tu tarjeta de crédito surjan problemas con la entidad que nos la ofrece. Estos inconvenientes pueden resolverse a través de los diferentes canales con los que podemos reclamar a la entidad.

El primer paso es realizar una reclamación ante la entidad, mediante las correspondientes hojas de reclamaciones. Este documento debe estar obligatoriamente a disposición de los consumidores en las oficinas de todas las entidades bancarias y de préstamo. Una vez en nuestro poder procederemos a rellenar la misma con los hechos que hayan causado la reclamación y también con nuestros datos. A esta hoja la entidad debería responder en un plazo no superior a los 10 días hábiles y por escrito.

En el caso de que hayamos pedido una tarjeta de crédito online y la entidad no tenga oficinas, entonces tendremos que realizar la reclamación por escrito, enviando una carta certificada y con acuse de recibo a las oficinas de la empresa. Antes, deberíamos verificar si la entidad tiene algún tipo de canal o sistema específico para atender dichas reclamaciones. Si este fuera el caso, entonces deberíamos empezar por esta vía antes de plantear la citada reclamación. El plazo de respuesta no está establecido legalmente, pero no debería pasar más de un mes antes de recibir noticias.

Si finalmente no recibimos respuesta o la misma no es la que esperamos será necesario continuar con el proceso de reclamación. Este proceso se realiza a través del Banco de España, que es el organismo supervisor de todas las entidades financieras, bancarias y de préstamos que operan en España, en donde deben estar debidamente registradas. Dichas reclamaciones pueden realizarse por vía postal o bien por vía electrónica, en caso de que tengas un certificado digital válido. En ambos casos deberías enviar la documentación necesaria para asentar la reclamación, así como un escrito con los detalles de la misma. Una vez cumplido el proceso y recibido el expediente, el banco resuelve en un máximo de 90 días. No obstante, en la práctica los plazos son bastante más elevados, especialmente si consideramos la carga de trabajo que actualmente tiene el servicio.

Si todo lo que hemos comentado no te sirve para resolver el conflicto solo te queda recurrir a la vía judicial. Será necesario que te busques un abogado especializado en derecho financiero y cubrir los gastos correspondientes a la demanda. Afortunadamente, son muchos los despachos que se han especializado en ciertos aspectos de estos productos tales como los intereses abusivos. En todo caso, te tocará tener paciencia y el dinero necesario para realizar la demanda correspondiente. Así que tendrás que evaluar previamente si te merece la pena el proceso o no.

Qué pasa si no pago las cuotas de mi tarjeta de crédito

Una de las circunstancias en las que puede encontrarse el usuario de una tarjeta de crédito es la incapacidad de pagar las cuotas correspondientes del mismo. Una situación complicada y que puede tener consecuencias para el usuario, mayores conforme más elevado sea el importe pendiente de dicho préstamo.

La situación más liviana sería aquella en la que el usuario deja sin pagar una o dos cuotas del citado préstamo, pero al final puede ponerse al día. En este caso, el usuario tendrá que pagar no solo las cuotas pendientes sino también los gastos relacionados, principalmente la comisión por reclamación de recibos impagados, así como los intereses de demora generados durante este tiempo. Estos importes no pueden acumularse a la cantidad pendiente del préstamo, sino que deben abonarse de forma independiente.

Sin embargo, pese a lo gravoso de esta situación, lo cierto es que esta no es la peor circunstancia que puede afrontar el usuario ante un impago. Y es que, en caso de que el cliente no sea capaz de ponerse al día con su deuda, es posible que tenga que afrontar la liquidación del préstamo vinculado a la tarjeta de crédito. Y es que a partir de la segunda cuota la entidad tiene la facultad de realizar dicha liquidación, lo que se traduce en la exigencia íntegra del total del importe prestado, así como los gastos e intereses correspondientes.

Si esta situación se produce es muy probable que se abra un juicio monitorio contra el deudor, en aquellos casos en los que el importe adeudado no supere los 2.000 euros. Si el importe es mayor entonces esta figura también puede utilizarse, pero en caso de oposición por parte del cliente el monitorio se transformará en un procedimiento ordinario, lo que incrementa aún más los costes y la deuda que tendrá que afrontar el cliente. Una deuda para cuyo pago el juez puede ordenar el embargo de propiedades, importes en cuenta y otros bienes del deudor, así como el de la nómina o demás ingresos que pueda recibir el cliente. Aunque todo esto ocurre si finalmente el juez acepta la demanda.

Consideraciones finales

Llegados a este punto ya tienes toda la información que necesitas antes de solicitar una tarjeta de crédito. No obstante, queremos dejarte un par de consejos antes de concluir. El primero es que valores si realmente necesitas el dinero que esa tarjeta de crédito te va a ofrecer. Si necesitas el importe para algún tipo de proyecto urgente tienes otras opciones financieras con un coste más reducido que el de la tarjeta de crédito, como son los préstamos personales convencionales. Como prueba, los intereses de las tarjetas de crédito rondan el 18% TAE anual de media, pero este se queda en torno a un 5 a un 10% en esos préstamos personales, lo que se traduce en un ahorro más que considerable.

El segundo aspecto que debemos tener claro es el funcionamiento del producto que hemos contratado. La idea de tener un crédito siempre disponible y que podamos ir devolviendo poco a poco es atractiva, pero también tiene un coste. Así que es fundamental que sepamos cuánto dinero de cada cuota va destinado a pagar la cantidad del préstamo que hemos solicitado y cuánto va a parar a los intereses. Si la primera cifra es menor a la segunda tendremos un problema, porque no solo estamos pagando un importe considerable en intereses, sino que también tendremos una deuda casi perpetua, o que tardaremos años en quitarnos de encima.

Como consejo final, en caso de que tengas dudas respecto si pedir o no uno de estos productos te recomendamos que solicites un asesoramiento personalizado y a través de un agente externo. La idea es que tengas una gestión lo más neutral posible y por una persona que se preocupe realmente por ti y no por el dinero que puede obtener a través de tu tarjeta de crédito.

Preguntas frecuentes

Para completar nuestra guía te dejamos algunas de las preguntas más frecuentes que suelen hacerse los usuarios a la hora de manejarse con una de estas tarjetas de crédito.

¿Qué ventajas y desventajas encuentra en el uso de las tarjetas de crédito y de débito?

La principal ventaja del uso de las tarjetas de crédito frente a las de débito es que con ellas tendrás un extra de dinero con el que cubrir cualquier posible imprevisto o disponer de un extra de dinero para tus compras. No obstante, este extra tiene un coste, dado que a medida que vayas gastando el importe concedido tendrás que pagar tanto el capital pagado como los intereses correspondientes. Esto no ocurre con las tarjetas de débito, que no tienen gastos ni intereses. Eso sí, el dinero que gastas es el de tu cuenta corriente, así que deberás tener cuidado con no excederte y no desequilibrar tus cuentas.

¿Desde cuándo se utilizan las tarjetas de crédito?

La primera tarjeta de crédito data desde hace más de un siglo, del año 1914 para ser exactos. Por aquel entonces la famosa Western Unión creó una tarjeta específica para sus clientes más selectos, que además de ofrecerles un trato VIP también les permitía tener una línea directa de crédito para sus gastos, con la ventaja de no tener comisiones.

No obstante, el nacimiento de la tarjeta de crédito como la conocemos hoy día es algo posterior, en concreto del año 1950. Su origen surge de un descuido de Frank McNamara, director de la Hamilton Credit Corporation. Cuando fue a pagar la cuenta descubrió que no llevaba dinero encima y, ante la vergüenza del hecho, ideó un sistema con el que pagar y demostrar su solvencia. El resultado fue el nacimiento de una firma que en poco tiempo se haría muy famosa: Diners Club. Tal fue el éxito de la tarjeta que apenas un año después la tarjeta ya tenía 35.000 usuarios y cada vez eran más los establecimientos que la aceptaban. Hoy día, Diners sigue operando  a nivel mundial y se ha actualizado a los nuevos tiempos, tal como muestra el hecho de que cuente con un app para sus usuarios.

¿Puedo pedir tarjetas de crédito con ASNEF?

Aunque es cierto que las tarjetas son una especie de préstamo es posible pedir tarjetas de crédito con ASNEF, sobre todo si los importes del préstamo son reducidos. En general, si eres capaz de demostrar una buena solvencia personal no deberías tener problemas para obtener una línea de crédito de unos 1.000 euros. Esto se aplica también a las tarjetas de crédito online con ASNEF, que además suelen tener unos costes y una tramitación más sencilla que las propuestas convencionales.

¿Cuándo prescriben las deudas de tarjetas de crédito?

Al igual que ocurre con las deudas personales que regula el artículo 1964.2 del Código Civil, entre las que se encuentran estas tarjetas, los importes prescriben en un plazo de cinco años desde su inicio. Una buena noticia para los usuarios, dado que hasta el año 2015 dicho plazo era de nada menos que 15 años. No obstante, conviene recordar que dicha prescripción solo se produce en aquellos casos en los que la empresa no haya realizado ningún trámite ni gestión destinado a solicitar al deudor el importe correspondiente.

¿Cuál es el límite de pago en tarjetas de crédito?

Las tarjetas de crédito tienen dos límites diferentes. Uno es el límite propio de la tarjeta, que indica la cantidad máxima que podemos gastar con ella, mientras que el segundo límite es el diario, la cantidad que puedes gastar cada día con tu tarjeta. Ambos límites son configurables por parte del usuario.

El primero depende principalmente de la cantidad de dinero que hayamos pedido y también de lo que la entidad nos haya autorizado, en función de los datos de nuestro perfil de riesgo y las garantías personales que hayamos aportado. El segundo límite depende directamente de nuestras preferencias, pudiendo establecerse en una cierta cantidad diaria. La cantidad por defecto ronda los 300 o los 600 euros, que es más que suficiente para el día a día. Pero si necesitas un límite de gasto o pago más elevado también puedes solicitarlo.

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